The Art of the Steal – Una escena del crimen cultural

Posted on October 25, 2012

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¿Qué pasa cuando alguien tiene una colección de valor incalculable y no desea hacer negocio con ella? El mundo del arte -pongámosle un nombre- se trata de un sector limitado que entiende que la cultura es un negocio y a partir de ello se puede hacer mucho, pero mucho dinero.

Sobre estas bases se posiciona Don Argott -director del film The Art of the Steal 2009 – para mostrarnos lo que ha sucedido con la fundación Barnes en el estado de Pennsylvania -Estados Unidos- desde su establecimiento en 1922 por el Dr. Albert Barnes.

“La función primaria de un museo ha sido la de servir como pedestal para una troupe de la alta sociedad para que puedan posar como patrones de las artes” -Dr.Albert C.Barnes

La fundación

Albert Barnes se hizo bien de bajo en las calles de Philadelphia pagando sus estudios universitarios con peleas de box –tough guy, hu?- hasta que hizo una fortuna creando una vacuna para combatir enfermedades de transmisión sexual. De a poco comienza a comprar arte de los pintores post-impresionistas más relevantes como Matisse o Van Gogh. La cantidad de obras que había en la fundación era demasiado en comparación con los museos más importantes de Europa y la costa este de E.E.U.U.

El Dr.Barnes se adelantó a todos al comprar estas obras allá por el comienzo del siglo XX donde la crítica -que miedo- convenía en que estas obras eran desagradables y sin valor. Barnes concibió una colección con la que ni el Museo de Philadelphia ni el MoMA o el MET podían soñar. ¿Su pecado? Haberle negado el acceso al público general, especialmente a los grandes señores dueños de arte. La fundación sería una escuela y aquellas personas de menores recursos que no tomaran al arte como una cuestión kitsch serían bienvenidos salvo en los días en que la galería estuviera cerrada por cuestiones pedagógicas.

En 1922 cuando Barnes comienza su proyecto se hace de los mejores abogados que encuentra para establecer un testamento que rescate su colección privada de ser desmembrada luego de su muerte por los grandes carteles del arte en Estados Unidos y llevada a sus museos para generar dinero y más dinero.

“No importa un carajo lo que diga tu testamento si tenés $25 mil millones y los políticos y el establishment lo quieren”  -Roger Ebert – Chicago Sun-Times


El documental

La peli está dividida en episodios anclados en los títulos que los separan. Comienza contándonos la historia de Barnes y lo hermoso de su obra y contribución a la sociedad y su enfrentamiento con el establishment marcado por los dueños del Philadelphia Inquirer, Moses y Walter Annenberg quienes poseían además una colección importante.

Mientras Barnes y quien lo sucedió, Violetta de Mazia dirigieron la fundación todo parece haber seguido según lo planeado -al menos en la peli no aparecen problemas mayores- hasta que Violetta muere y al no haber sucesores directos el testamento de Barnes indicaba que la Universidad Lincoln -en su momento la casa de estudios que acogía a afroamericanos en busca de un futuro académico- se haría cargo. Así es como llega Richard Glanton a la dirección de la fundación a comienzos de los ’90. Su política contradecía completamente el espíritu de la fundación-escuela al punto que violó una de los artículos del testamento el cual indicaba que las obras no podrían ser ni vendidas, prestadas o descolgadas. Nada de esto le importó y logró llevar a cabo una de las giras más importantes en la historia a nivel mundial para hacer dinero y más dinero. 

“No se trata de una fundación sino de quien controla $4 mil millones de dólares en arte”  -Richard Glanton

La historia sigue pero no quiero seguir contándola porque para eso está la peli. El documental se apoya fundamentalmente en entrevistas a ambas partes, (los que están a favor de mudar la fundación y hacer negocio con ella y los amigos de la fundación que quieren preservar el espíritu original) y material de archivo.

Es muy interesante como aquellos que estuvieron en la fundación como alumnos o profesores y los vecinos hablan desde el corazón con un amor inmenso por esa casa de estudios, por esa galería y por Albert C. Barnes. Los que están a favor de hacer negocio con esa colección privada son tanto el Gobernador de Pennsylvania, Richard Glanton y el Alcalde de Philadelphia. Todos tienen intereses económicos muy claros que los llevan a querer hacer de esto un gran negocio.

Algunos han atacado a la película por tomar partido por aquellos que están a favor de que la colección se quede en la fundación. Esto no me parece que sea meritorio de una acusación. Es un documental, una película. ¿Qué esperan? ¿Que tengan una postura objetiva sobre la situación? Es imposible obviar la subjetividad de quien controla la cámara, las preguntas, la selección de los entrevistados, el sonido y el montaje. Lamentables acusaciones de grupos que favorecieron la cadena de desinformación en conjunto con el Philadelphia Inquirer en directa asociación con grupos económicos de enorme peso y la política. ¿Cómo luchar contra todos estos? Vuelvo a la cita de hace unos párrafos atrás de Roger Ebert del Chicago Sun-TimesNo importa un carajo lo que diga tu testamento si tenés $25 mil millones y los políticos y el establishment lo quieren

“Profundamente esotérica y desfachatadamente parcial. The art of the steal muestra que un documental no debe de ser objetivo siempre y cuando pueda discutir bien.” -Rotten Tomatoes

Vale tomar en cuenta cómo la película se vale de datos concretos. No existen suposiciones de ninguna clase en ningún momento, salvo las dobles intenciones que son casi evidentes de la política y el establishment como señala Ebert.

En la presentación del film en festivales como el de Nueva York surgieron debates bastante candentes según el propio Argott en donde se tomaba lugar por ambos bandos. ¿Qué podemos discutir a partir de la peli? La fundación Barnes se encuentra -aba- en una zona suburbana incapaz de atraer tantas personas como Philadelphia, capital de Pennsylvania. Por lo tanto no todos tienen el acceso a la mejor y más completa colección de arte post-impresionista. Por otro lado la fundación era privada y sin fines de lucro y el estado y la justicia del estado de Pennsylvania no vacilaron en pasar por encima este acuerdo legal de 1922 y conspirar conjuntamente para robar la colección.

Repercusión

El film fue lanzado en 2009 y anduvo por festivales como Toronto y NY. Varios se hicieron eco de la peli como periodistas y bloggers quienes han escrito recomendadísimos artículos al respecto. Entre ellos se encuentra Christian Josi del Huffpost Arts & Culture (auto-definido como un artista, activista y ocasional columnista), quien escribió en mayo de este año un artículo llamado ¿Nuevo Barnes? No gracias–Pensamientos sobre una Escena del Crimen cultural:

El robo es algo que suele estar castigado por el gobierno, pero cuando el propio gobierno es el conspirador en ese robo lo que sucede son encuentros de corbata en fiestas de cocktail. Este es el caso del mayor robo de arte en la historia – el desmembramiento de la famosa Colección Barnes, de su casa en Merion, Pennsylvania […] por alguno de los más ricos y más poderosos hombres del país (por E.E.U.U.) ayudados por el estado de Pennsylvania y la Ciudad de Brotherly Larceny. […]

Usando a la Corte para sortear los deseos del Dr. Barnes quien en preciso inglés había dispuesto en su Testamento el cual años más tarde gracias a las maniobras del Alcalde de Philadelphia, el Gobernador de Pennsylvania y sobre todo el Fiscal General de Pennsylvania, la nueva comisión votaron a favor de mover la Colección Barnes al centro de la capital, siendo una de las cosas que Albert Barnes nunca quiso – una casa de fiesta para los plutócratas.

Y ahora está abierto. Touché, supongo. Alguno de mis colegas no estará de acuerdo conmigo, pero creo que aquellos que peleamos – quienes nos mantuvimos firmes por la decencia, el legado y los deseos del Dr.Barnes sin mencionar el arte – no debemos nunca de olvidar ni perdonar que ese “Nuevo” Barnes no es nada más ni menos que una Escena del Crimen de la Cultura, y nunca poner un pié allí.

 Conclusiones

The Art of the Steal siembra el debate acerca del gran negocio que se logra con el arte y la cultura en general por todo el mundo. Los gift shops abarrotados con objetos kitsch, pedantes ilustres posando frente a pinturas esperando la foto y las grandes sumas de dinero que todo esto mueve.

También puedo decir que sin la clase snob los artistas no tendrían quien los financie y los que gustan de ver las obras, un lugar donde poder apreciarlas. Pero la idea del Dr. Barnes ya en la segunda década del siglo XX proponía cambiar el paradigma. El lugar estaba y el dinero también, sólo había que tener el deseo expreso de disfrutar de aquel arte en aquella galería ecléctica. Ser una fundación sin fines de lucro con objetos de enorme valor en una sociedad netamente capitalista es una picardía que el destino o la corrupción del estado de Pennsylvania no iban a dejar que pasara.

Finalmente, como menciona Josi en su artículo, la colección fue mudada de lugar para hacer dinero y más dinero en aquella Escena del crimen de la cultura. Aún así la lucha continúa para los “Amigos de la Fundación” quienes paralelamente a la página oficial de la Fundación Barnes poseen la suya propia la cual les recomiendo que visiten http://www.barnesfriends.org/.

“La Fundación Barnes es el único lugar sano donde se puede ver arte en América” -Henri Matisse.

Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto…

Publicado en AltaPeli.com el 24º de Octubre 2012

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