¿En qué creo?

Posted on February 11, 2013


Creo en la libertad de decir lo que creo y defender esa opinión basada en mi pensamiento el cual no es superior al del resto pero es mío y lo sostengo. Puedo equivocarme y a partir de ese reconocimiento nacen nuevas posibilidades, nuevas formas de entender el mundo. Pero soy un sujeto y como tal carezco de la posibilidad de mutar, eso no existe.

En Argentina vivimos con la soberbia del miedo de creer que sabemos todo por no poder equivocarnos. Somos débiles porque no podemos aguantar las flechas con las que los demás cobardes nos atacan y así inventamos una metrópolis de mentiras ad-hoc para defender un error. Somos expertos en persistir con aquello que no funciona y adaptar todo lo que le es aledaño por no modificarlo y garantizarnos un futuro más provechoso.

¿Qué sector de la población gusta del pensamiento? Esta es una pregunta soberbia e improductiva. Veo a los que no se consideran apáticos, pelearse con espadas empuñadas por falacias para demostrar que tienen razón, (porque se creen con razón desde el comienzo y por ello el diálogo no se busca). El diálogo pareciera estar muerto o en vías de ello. Un grupo del país se alza con eslogans cristalizados y mueren con esas banderas sin haber analizado un segundo qué era lo que con tanta pasión defendían. Y sus enemigos, con pobres razones, se les enfrentan blandiendo la misma ignorancia en una lucha que se da por el sólo hecho de pertenecer a bandos distintos.

Creo que el mundo necesita herramientas para crecer y no armas. El pensamiento es de cada quien pero nadie es perfecto y por ello debe de ser crítico, sostenido, moldeado y alimentado. El pensamiento es una forma, un método. Una persona que piensa no es inteligente per se y yo no me creo con el derecho de definir el pensamiento de nadie pero sí de defender la libertad en que esa actividad se pueda dar. Lamentablemente no veo en Latinoamérica un fomento a esto sino una reducción de las posibilidades. El establishment quiere enlistarnos como soldados, porque no cuestionan, y enviarnos al campo de batalla  a pelear con sus empobrecidas armas. Somos todos padres e hijos de nuestro Estado y creo que la manera de vencer esa guerra es deponiendo las armas y tomando las herramientas para construir dialécticamente algo mejor.

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