El día que salvó al mundo del aburrimiento

Posted on February 24, 2014


¿A quién no le puede interesar el tiempo? Algo tan indefinible como la razón por la que se inició la pelea con una pareja. El tiempo es algo que no podemos definir del todo pero sí hemos aprendido a medirlo a niveles terrestres muy simples. En la medida en que se lo despoja de cuestiones tan complejas como irresolutas, hijas de la consciencia del hombre, podría decirse, es que podemos vivir acorde a él. Quiero decir, cuando alguien nos da una plazo para entregar algo sabemos de cuanto tiempo disponemos, el cuál será mucho o no dependiendo de los recursos con los que contemos, entre ellos el tiempo mismo. Saber que son las tres de la tarde y no las cinco de la mañana es muy útil en algunos casos, por ejemplo si es que nos hemos levantado demasiado temprano para ir al trabajo o si ya es tarde para avisar que no vamos porque nos sentimos mal, (cuando en realidad pasó que el gin tonic de anoche tenía sabor a que hoy no íbamos a ir a trabajar).

¿Qué es el tiempo? No lo sé, y estoy muy lejos de poder llegar a comprender algunos conceptos. Pero entiendo muy bien que es un reloj y para que me sirve contar con uno. Lo mismo con los calendarios que me marcan qué día es hoy y cuál será mañana y en qué día estarán algunos viviendo dentro de cinco semanas exactas. El calendario es también un instrumento de medición, precario, sí, pero súmamente últil.

calendario romano

Calendario Juliano que comienza en Marzo en honor a Marte.

– ¿De dónde viene el término Calendario? Bueno, de los queridos romanos quienes medían los días con mayor precisión en su momento gracias a Julio César y su famoso calendario Juliano, el cual hasta el día de hoy algunas iglesias del este de Europa aún lo utilizan, (razón por la cual celebran la navidad el 6 de enero nuestro). Pero el término Calendario nace debido a que los romanos le llamaban calendas a los primeros días del mes y por ello Calendario es lo que reúne a las calendas de un año.-

Si siguiéramos con el calendario romano hoy sería más o menos 7 de febrero, siendo que por la falta de rigurosidad de medida y desprecio por los solsticios y equinoccios, las épocas de siembre y cosecha se atrasaron. Es por eso que el Papa Gregorio, a quién le debemos el Calendario Gregoriano, se avivó del problema allá por el año 1582 y reformó la cosa. Como se estaban diez días atrasados con respecto al equinoccio de primavera se decidieron suprimir. Y así fue como el 4 de octubre de ese año la gente que despertó al día siguiente lo hizo un 15 de octubre. Es por eso que muchos, inocentemente, confunden al mundo diciendo que Cervantes y Shakespeare murieron el mismo día, (más allá de que se considera que la muerte del inglés fue el 23 y la del español el 22 de abril), no es así ya que Inglaterra seguía con el calendario juliano por no aceptar los cambios del Papado con quienes estaban enfrentados. O sea, preferían seguir un calendario profano y equívoco a uno más preciso. Pero volviendo con los escritores, queda claro que en todo caso habrán muerto en la misma fecha pero no el mismo día.

calendario_1900

Calendario francés de 1900

Pero hay algo más con este calendario que pocos saben acerca de este calendario que apenas si lleva casi unos 432 años de vigencia y es que además de ordenar esos diez días y declarar el año bisiesto cada cuatro, también sostiene que el fin de cada siglo, (o sea, los años terminados con dos ceros, salvo por el 2000 y así), también son bisiestos a menos que sus dos primeras cifras sean divisibles por cuatro. Esto quiere decir que el 1600 y el 2000 sí tuvieron un 29 de febrero a diferencia de los anodinos 1700, 1800 y 1900 de tan sólo y comunes 365 días.

A mí me gusta pensar en los días y cuando cae tal o cual fecha acompañados de pequeños descubrimientos como por ejemplo que febrero y marzo comienzan el mismo día, siendo que el primero tiene cuatro semanas exactas, salvo en los años bisiestos. O que el 1 de enero del 2014 y del 2013 están un día corridos, y así todos los días del año excepto en año bisiesto que son dos, porque el año comienza y termina en el mismo día. O sea, que el 1 de enero y el 31 de diciembre este año caen un miércoles.

Hagamos un poco de análisis-barato-no-cotejable-de-bondi-parado-sin-asiento-posible-cerca-con-dos-personas-flanqueándonos-los-riñones-y-una-mochila-en-la-espalda-que-empuja-nuestra-pelvis-a-la-cara-de-la-bella-persona-del-sexo-que-nos-gusta-en-frente-que-nos-está-empezando-a-mirar-con-asco. El año al tener 365 días nos lleva un días hacia adelante el cumpleaños cada año y dos luego del 29 de febrero. Pero si tuviésemos un año caprichoso de 364 días, nos acostumbraríamos a transitar las semanas, fines de meses, aniversarios, celebraciones y más el mismo día por tres años seguidos hasta la venida del año bisiesto que nos correría un día como la lluvia luego de una temporada de sequía, (if you know what I mean). Qué relevancia cobraría entonces ese año en que se hacen los Juegos Olímpicos y un mes más en el que comemos ñoquis, si es que somos de esos. ¿Nos tomaríamos más en serio las fechas y rituales relacionados con el tiempo como se hacía en otra época o lugar?

Ni idea…

Y ya que estamos, aquí tienen un opúsculo de Alejandro Dolina acerca de la historia del Calendario, en parte disparador esto:

Posted in: La vida